Hay días en que la cabeza funciona como una licuadora: la junta de mañana, el mensaje que no contestaste, lo que dijiste en la comida, la cuenta que vence. Nada se termina de pensar porque todo llega a la vez.
Vaciar la mente es lo más sencillo que puedes hacer con una hoja: escribir todo lo que está ahí, tal como salga, sin ordenarlo y sin decidir qué es importante.
Cómo hacerlo
Pon un tiempo corto, diez minutos bastan. Escribe sin detenerte. Si no sabes qué sigue, escribe “no sé qué sigue” hasta que aparezca otra cosa. No corrijas, no releas mientras escribes.
No se trata de resolver nada. Se trata de que deje de dar vueltas adentro.
Cuando termines, puedes cerrar la hoja y ya. A veces basta con eso. Otras veces, al releer, algo resalta: una frase que se repite, una palabra que no esperabas. Eso es tuyo para mirarlo cuando quieras.
Lo que no es
Vaciar la mente no reemplaza la ayuda de un profesional. Si la ansiedad te impide dormir, trabajar o estar con las personas que quieres, vale la pena hablarlo con alguien que te pueda acompañar.




