Hay cosas que no le dices a alguien porque no es el momento, porque no te escucharía, porque ya no está o porque todavía no sabes bien qué quieres decir. Esas cosas no desaparecen por no decirlas: se quedan dando vueltas.
La carta que no se envía es exactamente eso: una carta dirigida a alguien, escrita con toda la honestidad que quieras, sabiendo desde el principio que nunca la va a leer.
Por qué funciona
Cuando sabes que nadie más la va a leer, dejas de cuidar las palabras. No tienes que ser justo, ni amable, ni ordenado. Puedes decir lo que dolió, lo que agradeces, lo que te faltó decir.
No escribes para que te lea. Escribes para escucharte decirlo.
Cómo empezar
Empieza con su nombre, como cualquier carta. Escribe lo primero que aparezca. Si te bloqueas, puedes empezar con "lo que nunca te dije es…" o "desde que pasó, he pensado…".
Cuando termines, la carta se queda en tu diario. Puedes volver a ella o no volver nunca. Es tuya.
Lo que no es
Escribir una carta así no reemplaza una conversación real, si algún día quieres tenerla. A veces ayuda a prepararla; a veces es suficiente por sí sola. Las dos cosas están bien.



